Ecl 7, 1-29
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Más vale buena fama que suaves perfumes; y el día de la muerte más que el día del nacimiento. 2Más vale ir a la casa en duelo que a la casa en fiesta, pues ése es el fin de todo hombre; y así el que vive pensará en ello. 3Más vale llorar que reír, pues una cara triste puede ocultar un corazón feliz. 4El sabio piensa en la casa en duelo, pero el necio piensa en la casa en fiesta. 5Más vale oír reproche de sabio que oír alabanza de necios. 6Porque como crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es vanidad. 7El halago atonta al sabio, y el soborno pervierte su corazón * . 8Más vale el final de una cosa que su comienzo, y más vale paciente que arrogante. 9No te dejes llevar del enojo, pues el enojo anida en el pecho de los necios. 10No digas: ¿Cómo es posible que el pasado sea mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello. 11Buena es la sabiduría con hacienda, y aprovecha a los que ven el sol. 12Al amparo de la sabiduría como al amparo del dinero, pero el saber le aventaja porque da vida a su dueño * . 13Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció? 14Alégrate en el día feliz y, en el día desgraciado, considera que Dios ha hecho muy bien a uno y otro, para que el hombre no descubra su porvenir * . 15En mi vano vivir, de todo he visto: honrados perecer en su honradez, y malvados envejecer en su maldad. 16No quieras ser honrado en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte? 17No quieras ser malvado en demasía, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tiempo? 18Bueno es agarrar esto sin dejar aquello de la mano, porque el temeroso de Dios de todo sale bien parado. 19La sabiduría hace más fuerte al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad * . 20No hay nadie tan honrado en la tierra que haga el bien sin nunca pecar. 21Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te maldice, 22pues sabes muy bien cuántas veces tú también has maldecido a otros. 23Todo esto lo intenté recurriendo a la sabiduría. Me dije: Seré sabio. ¡Pero qué lejos estaba de mi alcance! 24Lo que existe está lejos y es muy profundo: ¿quién dará con ello? 25Me he dedicado a explorar y a buscar sabiduría y buen tino, y a reconocer que la maldad es necedad, y la necedad locura * . 26Y he descubierto que la mujer es más amarga que la muerte, porque es como una red, su corazón como un lazo, sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella, pero el pecador cae en su trampa. 27Mira, esto he descubierto —dice Cohélet— tratando de razonar caso por caso: 28aunque he seguido buscando, nada he encontrado. Un hombre encontré entre mil, pero entre todas ellas no encontré una mujer. 29Mira, sólo esto descubrí: Dios hizo sencillo al hombre * , pero él se complicó con tantos razonamientos.