Mt 27, 35-54
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)35Una vez crucificado, se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes * . 36Y se quedaron sentados allí para custodiarlo. 37Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» 38Y al mismo tiempo que a él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: 40«Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!» 41Igualmente los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban de él, diciendo: 42«A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡Es rey de Israel!; pues que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43Ha puesto su confianza en Dios; pues que le salve ahora, si es que de verdad le quiere. De hecho dijo: ‘Soy hijo de Dios.’» 44De la misma manera le injuriaban también los bandidos crucificados con él. 45Desde la hora sexta hasta la hora nona, cubrió la oscuridad toda la tierra * . 46Alrededor de la hora nona, clamó Jesús con fuerte voz: « ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní? », esto es: « ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado * ? » 47Al oírlo, algunos de los que estaban allí decían: «Éste llama a Elías * .» 48Y enseguida, uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre * y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber. 49Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» 50Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. 51En esto, el velo del Santuario * se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron * . 52Se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53Y, después de que él resucitara, salieron de los sepulcros, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos * . 54Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era hijo de Dios.»