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Mt 27, 15-54

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

15Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran. 16Tenían * a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás * . 17Aprovechando que estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?» 18(pues sabía que lo habían entregado por envidia). 19Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.» 20Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente para que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21Así, cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!» 22Pilato les preguntó: «¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Respondieron todos: «¡Sea crucificado!» — 23«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!» 24Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos * delante de la gente, diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo * . Vosotros veréis.» 25Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos * !» 26Entonces les soltó a Barrabás. Y a Jesús, después de azotarle * , se lo entregó para que fuera crucificado. 27Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio * y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. 28Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura * ; 29trenzaron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza, y le pusieron en la mano derecha una caña; después, doblando la rodilla delante de él, le hacían burla, diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos * !»; 30y, tras escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. 31Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificarlo. 32Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz. 33Llegados a un lugar llamado Gólgota * , esto es, «Calvario», 34le dieron a beber vino mezclado con hiel * ; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo. 35Una vez crucificado, se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes * . 36Y se quedaron sentados allí para custodiarlo. 37Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» 38Y al mismo tiempo que a él crucificaron a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: 40«Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres hijo de Dios, y baja de la cruz!» 41Igualmente los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban de él, diciendo: 42«A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡Es rey de Israel!; pues que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43Ha puesto su confianza en Dios; pues que le salve ahora, si es que de verdad le quiere. De hecho dijo: ‘Soy hijo de Dios.’» 44De la misma manera le injuriaban también los bandidos crucificados con él. 45Desde la hora sexta hasta la hora nona, cubrió la oscuridad toda la tierra * . 46Alrededor de la hora nona, clamó Jesús con fuerte voz: « ¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní? », esto es: « ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado * ? » 47Al oírlo, algunos de los que estaban allí decían: «Éste llama a Elías * .» 48Y enseguida, uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre * y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber. 49Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» 50Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. 51En esto, el velo del Santuario * se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron * . 52Se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53Y, después de que él resucitara, salieron de los sepulcros, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos * . 54Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era hijo de Dios.»