Lc 8, 41-56
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)41Llegó entonces un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y, cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrara en su casa, 42porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Mientras iba, la gente lo oprimía. 43Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie * , 44se acercó por detrás y tocó la orla de su manto; y, al punto, se le detuvo la hemorragia. 45Jesús preguntó: «¿Quién me ha tocado?» Como todos lo negaban, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.» 46Pero Jesús contestó: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.» 47Viéndose descubierta, la mujer se acercó temblorosa y, postrándose ante él, contó delante de toda la gente por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada. 48Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz.» 49Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llegó diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.» 50Jesús, que oyó el comentario, le dijo: «No temas; basta con que tengas fe y se salvará.» 51Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago * , y al padre y a la madre de la niña. 52Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.» 53Los presentes se burlarban de él, pues sabían que estaba muerta. 54Pero él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.» 55Entonces retornó el espíritu a ella y, al punto, se levantó. Jesús mandó que le dieran de comer. 56Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que no comentaran con nadie lo que había pasado.