Lc 7, 1-10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Cuando Jesús terminó de hablar así a la gente, entró en Cafarnaún. 2Un siervo de un centurión, muy querido de éste, se encontraba enfermo y a punto de morir. 3El centurión, que había oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos * de los judíos para rogarle que viniera y salvara a su siervo. 4Cuando éstos llegaron ante Jesús, le suplicaron con insistencia: «Merece que se lo concedas, 5porque ama a nuestro pueblo * y él mismo nos ha edificado la sinagoga.» 6Jesús se fue con ellos. Estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo; 7por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra y quede sano mi criado * . 8Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste ‘Vete’, y va; y a otro ‘Ven’, y viene; y a mi siervo ‘Haz esto’, y lo hace.» 9Al oír esto, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la muchedumbre que le seguía, les dijo: «Os aseguro que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.» 10Cuando los enviados volvieron a la casa hallaron al siervo sano.