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Lc 4, 14-37

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

14Jesús volvió a Galilea guiado por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región * . 15Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos * . 16Vino a Nazará * , donde se había criado, y entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado. Se levantó para hacer la lectura * 17y le entregaron el volumen del profeta Isaías. Desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito: 18El Espíritu del Señor sobre mí , porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva * , me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos , para dar la libertad a los oprimidos 19y proclamar un año de gracia del Señor . 20Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.» 22Todos hacían comentarios sobre él y se extrañaban de la elocuencia y seguridad con que hablabla. La gente se preguntaba: «¿Pero no es éste el hijo de José?» 23Él les respondió: «Seguramente me vais a aplicar el refrán que dice: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaún * , hazlo también aquí en tu patria.» 24Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien recibido en su patria.» 25«Os digo de verdad que en vida de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y hubo gran hambre en todo el país, había muchas viudas en Israel; 26pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. 27Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.» 28Al oír esto, todos los de la sinagoga montaron en cólera 29y, levantándose, lo sacaron fuera del pueblo y lo llevaron a una altura escarpada del monte sobre el que se elevaba el pueblo, con ánimo de despeñarlo. 30Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó. 31Bajó a Cafarnaún, población de Galilea, y los sábados les enseñaba. 32La gente quedaba asombrada de su doctrina, porque hablaba con autoridad. 33Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo y se puso a gritar a grandes voces: 34«¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.» 35Jesús entonces le conminó: «Cállate y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. 36Todos quedaron pasmados y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y los hace salir.» 37Así que su fama se extendió por todos los lugares de la región.