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Lc 18, 18-34

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

18Uno de los principales le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia vida eterna?» 19Le dijo Jesús: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 20Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre .» 21Él respondió: «Todo eso lo he guardado desde mi juventud.» 22Al oírlo, Jesús le dijo: «Aún te falta una cosa: vende todo cuanto tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme.» 23Al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico. 24Al verlo [tan triste], Jesús dijo: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! 25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.» 26Los que lo oyeron, dijeron: «¿Quién se podrá salvar entonces?» 27Respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.» 28Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.» 29Él les respondió: «Os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, 30quedará sin recibir * mucho más al presente y vida eterna en el mundo venidero.» 31Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Ya veis que subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que los profetas * escribieron sobre el Hijo del hombre: 32lo entregarán a los paganos y será objeto de burlas, insultado y escupido; 33y después de azotarle lo matarán. Y al tercer día resucitará.» 34Ellos no comprendieron nada de esto; no captaban el sentido de estas palabras ni entendían lo que decía.