Jds 1, 1-25
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Judas, siervo de Jesucristo, hermano de Santiago, a los que han sido llamados y amados * por Dios Padre, y guardados para Jesucristo. 2Os deseo misericordia, paz y amor abundantes. 3Queridos, tenía yo mucho empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación * , y me he visto en la necesidad de hacerlo para exhortaros a combatir por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre * . 4Porque algunas personas se han introducido solapadamente, gente a la que hace tiempo la Escritura señaló ya para esta sentencia * condenatoria. Son impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan al único Dueño y Señor nuestro Jesucristo * . 5Aunque ya aprendisteis de una vez para siempre todo lo que os voy a decir, quiero recordaros que el Señor * , después de librar al pueblo de Israel de la tierra de Egipto, aniquiló a los que no creyeron; 6y también que a los ángeles que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada * , los tiene guardados con ligaduras eternas bajo tinieblas para el juicio del gran Día. 7Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas sirven también de ejemplo, pues fornicaron como ellos y se fueron tras una carne diferente * , padeciendo así la pena de un fuego eterno. 8Igualmente éstos * , a pesar de todo, alucinados en sus delirios, contaminan su cuerpo, desprecian al Señorío * e injurian a las Glorias. 9En cambio, el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés * , no se atrevió a pronunciar contra él juicio alguno injurioso, sino que dijo: «Que te castigue el Señor» . 10Pero éstos injurian lo que ignoran, y se corrompen en las cosas que, como animales irracionales, conocen por instinto * . 11¡Ay de ellos!, que han imitado la conducta de Caín, que por dinero se han abandonado al descarrío de Balaán y han perecido en la rebelión de Coré. 12Esos que banquetean desvergonzadamente en vuestros ágapes y se apacientan a sí mismos son una mancha * ; son nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos y arrancados de raíz, doblemente muertos; 13son olas salvajes del mar, que echan la espuma de su propia vergüenza, estrellas errantes * a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas para siempre. 14Henoc, el séptimo después de Adán, profetizó ya sobre ellos: «Mirad, el Señor ha venido con sus santas miriadas 15para realizar el juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que hablaron contra él los pecadores impíos * .» 16Éstos son unos murmuradores, descontentos de su suerte, que viven según sus pasiones * , cuya boca dice palabras altisonantes , que adulan por interés. 17En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo * . 18Ellos os decían: «Al final de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impías * .» 19Éstos son los que crean divisiones, pues llevan una vida sólo natural, sin tener el espíritu * . 20* Pero vosotros, queridos, asentaos firmemente en vuestra santísima fe y orad guiados por el Espíritu Santo. 21Manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, que nos dará la vida eterna. 22Tratad de convencer a los que vacilan; 23a otros, tratad de salvarlos arrancándolos del fuego; y a otros mostradles misericordia con cautela, odiando incluso la túnica manchada por su carne * . 24Al que es capaz de guardaros inmunes de caída y de presentaros sin tacha ante su gloria con alegría * , 25al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, gloria, majestad, fuerza y poder antes de todo tiempo, ahora y por todos los siglos. Amén * .