Jos 8, 14-29
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)14En cuanto advirtió esto el rey de Ay, se dieron prisa, se levantaron temprano y salieron él y toda su tropa a presentar batalla a Israel en la bajada * , frente a la Arabá, sin saber que tenía una emboscada a espaldas de la ciudad. 15Josué y todos los israelitas se hicieron los derrotados y huyeron camino del desierto. 16Toda la gente que estaba en la ciudad se puso a dar grandes alaridos y salió tras ellos; pero, al perseguir a Josué, se alejaron de la ciudad. 17No quedó un solo hombre en Ay (ni en Betel * ) que no saliera en persecución de Israel; pero, por perseguir a los israelitas, dejaron la ciudad abierta. 18Yahvé dijo entonces a Josué: «Tiende hacia Ay la jabalina que tienes en tu mano * , porque en tu mano te la entrego.» Josué tendió la jabalina que tenía en la mano hacia la ciudad. 19Tan pronto como extendió la mano, los emboscados surgieron rápidamente de su puesto, corrieron y entraron en la ciudad, se apoderaron de ella y a toda prisa la incendiaron. 20Los hombres de Ay volvieron la vista atrás y vieron la humareda que subía de la ciudad hacia el cielo; no tenían posibilidad de escapar ni por un lado ni por otro. La gente que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los perseguidores. 21Viendo Josué y todos los israelitas que los emboscados habían tomado la ciudad y que subía de ella una humareda, se volvieron y atacaron a los hombres de Ay. 22Los otros salieron de la ciudad a su encuentro, de modo que los hombres de Ay se encontraron rodeados por los israelitas, unos por un lado y otros por otro. Éstos los derrotaron hasta que no quedó superviviente ni fugitivo. 23Pero al rey de Ay lo prendieron vivo y lo condujeron ante Josué. 24Cuando Israel acabó de matar a todos los habitantes de Ay en el campo y en el desierto, hasta donde habían salido en su persecución, y todos ellos cayeron a filo de espada hasta no quedar uno, todos los israelitas volvieron a Ay y pasaron a su población a filo de espada. 25El total de los que cayeron aquel día, entre hombres y mujeres, fue doce mil: todos los habitantes de Ay. 26Josué no retiró la mano que tenía extendida con la jabalina hasta que consagró al anatema a todos los habitantes de Ay. 27Israel se repartió solamente el ganado y los despojos de dicha ciudad, según la orden que Yahvé había dado a Josué. 28Josué incendió Ay y la convirtió para siempre en una ruina, en desolación hasta el día de hoy. 29Al rey de Ay lo colgó de un árbol * hasta la tarde; y a la puesta del sol ordenó Josué que bajaran el cadáver del árbol. Lo echaron luego a la entrada de la puerta de la ciudad y apilaron sobre él un gran montón de piedras, que existe todavía hoy.