Is 14, 4-21
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)4lanzarás esta sátira contra el rey de Babilonia. Dirás: ¡Cómo ha acabado el tirano, cómo ha acabado el sobresalto * ! 5Quebró Yahvé la vara del malhechor, el bastón del tirano, 6que golpeaba a los pueblos con saña, descargando golpes sin parar, que dominaba con ira a las naciones, acosándolos sin tregua. 7Descansa tranquila la tierra toda, prorrumpe en aclamaciones. 8Hasta los cipreses se alegran por ti, los cedros del Líbano: «Desde que tú yaces por tierra, no sube el talador a nosotros * .» 9El Seol, allá abajo, se alborotó por ti, saliéndote al encuentro. Por ti despierta a las sombras, a todos los caudillos de la tierra los levanta de sus tronos (a todos los reyes de las naciones) * . 10Todos ellos dicen a coro: «¡También tú, debilitado, eres semejante a nosotros! 11Tu arrogancia ha caído en el Seol al son de tus cítaras. Te acuestas en una cama de gusanos, tus mantas son gusanera. 12¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora * ! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones! 13Tú que habías dicho en tu interior: «Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas divinas voy a establecer mi trono; me sentaré en el Monte de los dioses, allá por los confines del Norte. 14Subiré sobre las crestas de las nubes, me haré semejante al Altísimo». 15¡Pero has sido precipitado al Seol, a lo más hondo del pozo! 16Los que te ven, en ti se fijan; te miran con atención: «¿No es éste el que estremecía la tierra, el que hacía temblar los reinos, 17que convirtió el orbe en un desierto, que dejó sus ciudades asoladas y no devolvía a los presos a su patria?» 18Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honor, cada uno en su morada. 19Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro, como un brote * abominable, recubierto de muertos a espada (de los que bajan donde los sepultados), como cadáver pisoteado. 20No tendrás con ellos sepultura, porque tu tierra has destruido, a tu pueblo has asesinado. No se nombrará jamás la estirpe de los malhechores. 21Disponed la matanza de sus hijos por la culpa de sus padres: no sea que vuelvan a adueñarse del país y llenen de ciudades la faz del orbe.