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Hch 4, 13-31

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

13Todos quedaron sorprendidos al ver la valentía de Pedro y Juan, sabiendo además que eran hombres sin instrucción ni cultura. Por una parte, reconocían que Pedro y Juan habían estado con Jesús; 14y, al mismo tiempo, veían de pie, junto a ellos, al hombre que había sido curado; así que no podían replicar. 15Les mandaron salir fuera del Sanedrín y se pusieron a deliberar. 16Decían: «¿Qué haremos con estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén han podido ver el signo tan manifiesto que han realizado; no podemos negar eso. 17Pero vamos a amenazarles para que no hablen ya más a nadie en nombre de ése, a fin de que el asunto no se divulgue más entre la gente.» 18Los llamaron y les mandaron * que de ninguna manera hablasen o enseñasen en el nombre de Jesús. 19Mas Pedro y Juan les respondieron: «Pensad si Dios considera justo que os obedezcamos a vosotros antes que a Él. 20Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» 21Ellos volvieron a amenazarles, pero tuvieron que soltarlos, pues no hallaban manera de castigarlos; además, toda la gente alababa a Dios por lo que había ocurrido, 22pues el hombre en quien se había realizado este signo de curación tenía más de cuarenta años. 23Una vez libres, fueron donde los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y ancianos. 24Al oírlo, todos a una elevaron su voz a Dios y dijeron: «Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; 25tú dijiste por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo * : ¿Por qué se agitan las naciones , y los pueblos maquinan vanos proyectos? 26Se han congregado los reyes de la tierra y los jefes se han aliado contra el Señor y contra su Ungido * . 27«Porque verdaderamente en esta ciudad se han aliado Herodes y Poncio Pilato * con los extranjeros y la gente de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien has ungido * , 28para realizar lo que tu poder y tu voluntad * habían predeterminado que sucediera. 29Y ahora, Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos proclamar tu palabra con toda valentía. 30Extiende tu mano para realizar curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús.» 31Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos: todos quedaron llenos del Espíritu Santo y proclamaban la palabra de Dios con valentía * .