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Hch 27, 27-44

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

27Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático * , cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra. 28Sondearon la profundidad, y el lecho del mar estaba a veinte brazas; un poco más adelante sondearon de nuevo y midieron quince brazas. 29Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos, echaron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente que se hiciese de día. 30Los marineros intentaban escapar de la nave, y empezaron a arriar el bote con el pretexto de echar los cables de las anclas de proa. 31Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan éstos en la nave, no os vais a poder salvar.» 32Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer. 33Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo aconsejaba a todos que tomasen alimento. Les decía: «Hace ya catorce días que, preocupados por lo que pueda pasar, estáis en ayunas, sin probar bocado. 34Os aconsejo que, si queréis sobrevivir, comáis algo. Ninguno de vosotros perderá ni un solo cabello de su cabeza.» 35Dicho esto, tomó pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y se puso a comer * . 36Entonces todos los demás se animaron y empezaron también a comer. 37Estábamos en total en la nave doscientas setenta y seis personas. 38Una vez satisfechos, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. 39Cuando vino el día, los marineros no reconocían la tierra; solamente podían divisar una ensenada con su playa. Así que resolvieron hacer todo lo posible por impulsar la nave hacia ella. 40Soltaron las anclas, que dejaron caer al mar; aflojaron al mismo tiempo las ataduras de los timones; después izaron al viento la vela artimón y pusieron rumbo a la playa. 41Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y encalló allí la nave. La proa, clavada, quedó inmóvil; en cambio la popa, sacudida violentamente, se iba deshaciendo. 42Los soldados resolvieron entonces matar a los presos, para que ninguno escapase a nado. 43Pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su decisión y dio orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla; 44y que los demás saliesen sobre tablones o sobre los despojos de la nave. De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos.