Hch 27, 14-32
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)14Pero no mucho después se desencadenó un viento huracanado procedente de la isla, llamado Euroaquilón. 15La nave fue arrastrada y, al no poder hacer frente al viento, nos abandonamos a la deriva. 16Navegando a sotavento de una isleta llamada Cauda, pudimos con mucha dificultad hacernos con el bote. 17Una vez izado el bote, se emplearon los cables de refuerzo, ciñendo el casco por debajo; y por miedo a chocar contra la Sirte, se echó el ancla flotante. Así navegábamos a la deriva. 18Pero como el temporal seguía sacudiéndonos furiosamente, al día siguiente aligeraron la nave. 19Al tercer día, con sus propias manos, arrojaron por la borda el aparejo de la nave. 20Durante muchos días no aparecieron ni el sol ni las estrellas. Además, con la violenta tempestad que teníamos sobre nosotros, toda esperanza de salvarnos iba desapareciendo. 21Llevábamos bastantes días sin comer * . Entonces Pablo se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «Amigos, más hubiera valido que me hubierais escuchado y no os hubierais hecho a la mar desde Creta. Os habríais ahorrado este peligro y esta pérdida. 22Pero ahora os recomiendo que tengáis buen ánimo. Ninguno de vosotros va a morir; sólo se perderá la nave. 23Lo digo porque esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien doy culto, 24y me ha dicho: ‘No temas, Pablo; tú tienes que comparecer ante el César * . Por eso, Dios te ha concedido la vida junto con todos los que navegan contigo.’ 25Por tanto, amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios y creo que todo sucederá tal como se me ha dicho. 26Iremos a dar en alguna isla.» 27Era ya la décima cuarta noche que íbamos a la deriva por el Adriático * , cuando hacia la media noche presintieron los marineros la proximidad de tierra. 28Sondearon la profundidad, y el lecho del mar estaba a veinte brazas; un poco más adelante sondearon de nuevo y midieron quince brazas. 29Temerosos de que fuésemos a chocar contra algunos escollos, echaron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente que se hiciese de día. 30Los marineros intentaban escapar de la nave, y empezaron a arriar el bote con el pretexto de echar los cables de las anclas de proa. 31Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: «Si no se quedan éstos en la nave, no os vais a poder salvar.» 32Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer.