Hch 27, 1-13
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Cuando se decidió que nos * embarcásemos rumbo a Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros prisioneros a un centurión de la cohorte Augusta, llamado Julio. 2Embarcamos en una nave de Adramitio, que iba a partir hacia las costas de Asia, y nos hicimos a la mar. Estaba con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica. 3Al día siguiente arribamos a Sidón. Julio se portó humanamente con Pablo y le permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos. 4Zarpamos de allí y navegamos al abrigo de las costas de Chipre, porque los vientos eran contrarios. 5Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y, al cabo de quince días * , llegamos a Mira de Licia. 6Allí encontró el centurión una nave alejandrina que navegaba a Italia, y nos hizo subir a bordo. 7Durante muchos días la navegación fue lenta y a duras penas llegamos a la altura de Gnido. Como el viento no nos dejaba entrar en puerto, navegamos al abrigo de Creta por la parte de Salmone; 8y, costeándola, llegamos con dificultad a un lugar llamado Buenos Puertos, cerca del cual se encuentra la ciudad de Lasea. 9Había transcurrido bastante tiempo y la navegación era ya peligrosa, pues incluso había pasado el Ayuno * . Pablo les advertió: 10«Amigos, presiento que la navegación va a ser muy peligrosa, y que pueden salir seriamente dañadas no sólo la carga y la nave, sino también nuestras propias personas.» 11Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón que a las palabras de Pablo. 12Como el puerto no estaba acondicionado para invernar, la mayoría decidió hacerse a la mar desde allí, por si era posible llegar a Fénica, un puerto de Creta orientado al suroeste y al noroeste, y pasar allí el invierno. 13Como entonces soplaba ligeramente el viento del sur, creyeron que podían poner en práctica su propósito. Así que levaron anclas y fueron costeando Creta de cerca.