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Hch 20, 25-38

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

25«En este momento soy consciente de que no volveréis a verme * ninguno de vosotros, entre quienes pasé predicando el Reino. 26Por esto, puedo aseguraros en el día de hoy que me siento libre de culpa respecto a todos, 27pues el miedo no me impidió anunciaros todo el designio de Dios. 28«Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios * , que él se adquirió con la sangre de su propio hijo * . 29«Sé muy bien que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos feroces que no escatimarán medios para atacar al rebaño; 30y también que entre vosotros mismos aparecerán algunos propalando falsedades, para arrastrar tras de sí a los discípulos. 31Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. 32«Ahora os encomiendo a Dios y a su palabra de gracia, que tiene poder * para construir el edificio de los creyentes y daros la herencia con todos los santificados. 33«Nunca he codiciado plata, oro o vestidos de nadie. 34Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. 35En toda ocasión os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles, y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, cuando dijo: ‘Mayor felicidad hay en dar que en recibir’ * .» 36Dicho esto, se puso de rodillas y oró con todos ellos. 37Entonces rompieron todos a llorar y, arrojándose al cuello de Pablo, le besaban, 38afligidos sobre todo porque había dicho que ya no volverían a verle. Después fueron acompañándolo hasta la nave.