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Hch 17, 21-28

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

21Todos los atenienses y los forasteros que residían allí sólo sabían pasar el tiempo contando u oyendo la última novedad. 22Pablo, de pie en medio del Areópago, comenzó así: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. 23Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: ‘Al Dios desconocido * .’ Pues bien, vengo a anunciaros lo que adoráis sin conocer. 24«El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de hombres; 25ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado * él, que a todos da la vida, el aliento y demás cosas. 26Él creó, de un solo principio * , todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la tierra, y fijó los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar * , 27con el fin de que buscasen a la divinidad * , para ver si a tientas la buscaban y la hallaban. Pero no pensemos que se encuentra lejos de cada uno de nosotros, 28pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros * : ‘Porque somos también de su linaje * .’