Gn 44, 1-34
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1José dio esta orden a su mayordomo: «Llena de víveres las talegas de estos hombres, cuanto quepa en ellas, y pones el dinero de cada uno en la boca de su talega. 2Y mi copa, la copa de plata, la pones en la boca del saco del pequeño, además del dinero de su compra.» El mayordomo hizo lo que había ordenado José. 3En cuanto alumbró el día, se les despachó con sus asnos. 4Salieron de la ciudad y, no bien se habían alejado, cuando José dijo a su mayordomo: «Ponte en marcha y persigue a esos hombres, les das alcance y les dices: ‘¿Por qué habéis pagado mal por bien? 5¡Se trata nada menos que de lo que utiliza mi señor para beber, y también para sus adivinaciones * ! ¡Qué mal habéis obrado!’» 6Él los alcanzó y les habló a este tenor. 7Ellos le dijeron: «¿Por qué habla mi señor de ese modo? ¡Lejos de tus siervos hacer semejante cosa! 8De modo que te hemos devuelto desde Canaán el dinero que encontramos en la boca de nuestras talegas, ¿e íbamos a robar ahora de casa de nuestro señor plata u oro? 9Aquél de tus siervos a quien se le encuentre, que muera; y también los demás nos haremos esclavos del señor.» 10Respondió: «Sea como decís: aquél a quien se le encuentre, será mi esclavo; pero los demás quedaréis disculpados.» 11Ellos se dieron prisa en bajar sus talegas a tierra y fueron abriendo cada cual la suya. 12El hombre les registró empezando por el grande y acabando por el chico. Y apareció la copa en la talega de Benjamín. 13Entonces rasgaron ellos sus túnicas y, cargando cada cual su burro, regresaron a la ciudad. 14Judá y sus hermanos entraron en casa de José, que todavía estaba allí, y cayeron rostro en tierra. 15José les dijo: «¿Qué habéis hecho? ¿Ignorabais que uno como yo tenía que adivinarlo sin falta?» 16Judá dijo: «¿Qué vamos a decir al señor, qué vamos a hablar, qué excusa vamos a dar? Dios ha hallado culpables a sus siervos * , y henos aquí como esclavos de nuestro señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder ha aparecido la copa.» 17Replicó: «¡Lejos de mí hacer eso! Aquél a quien se le ha hallado la copa, ése será mi esclavo. Los demás podréis subir sin novedad donde vuestro padre.» 18Entonces se le acercó Judá y le dijo: «Escúchame, señor. Tu siervo va a proponer algo a mi señor. Pero que no se encienda tu ira contra tu siervo, pues tú eres como el mismo faraón. 19Mi señor preguntó a sus siervos si teníamos padre o algún hermano. 20Nosotros dijimos a mi señor: ‘Sí, tenemos un padre ya anciano, y tiene un hijo pequeño engendrado en su ancianidad. Otro hermano de éste murió; así que sólo le ha quedado éste de su madre, y su padre le quiere.’ 21Entonces tú dijiste a tus siervos que te lo trajésemos, que querías verlo * .’ 22Pero dijimos a mi señor: ‘Imposible que el muchacho deje a su padre, pues si lo dejara, éste moriría.’ 23Pero dijiste a tus siervos: ‘Pues si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis a verme la cara.’ 24Así pues, cuando subimos nosotros donde mi padre, tu siervo, le expusimos las palabras de mi señor. 25Nuestro padre dijo: ‘Volved y compradnos algo de comer.’ 26Dijimos: ‘No podemos bajar, a menos que nuestro hermano pequeño vaya con nosotros. En ese caso sí bajaríamos. Porque no podemos presentarnos a aquel hombre si no está con nosotros nuestro hermano el pequeño.’ 27Mi padre, tu siervo, nos dijo: ‘Bien sabéis que mi mujer me dio a los dos: 28el uno se me marchó, y pensé que seguramente habría sido despedazado. Y de hecho ya no lo he vuelto a ver. 29Ahora, si os lleváis también a éste de mi lado y le ocurre alguna desgracia, haréis bajar mi ancianidad al Seol con amargura.’ 30Ahora, pues, cuando yo llegue a donde mi padre, tu siervo, y el muchacho no esté con nosotros, teniendo como tiene el alma tan apegada a la suya, 31en cuanto vea que falta el muchacho morirá, y tus siervos habrán hecho bajar la ancianidad de nuestro padre, tu siervo, con amargura al Seol. 32La verdad es que tu siervo ha traído al muchacho de junto a su padre bajo palabra de que, si no se lo devuelvo, quedaré en falta para con mi padre a perpetuidad. 33Ahora, pues, que se quede tu siervo en vez del muchacho como esclavo de mi señor, y regrese el muchacho con sus hermanos. 34Porque ¿cómo vuelvo yo ahora donde mi padre sin el muchacho conmigo? ¡No quiero ni ver la aflicción en que caerá mi padre!»