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Gn 30, 37-43

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

37Entonces Jacob se procuró unas varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y labró en ellas unas muescas blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas. 38Luego hincó las varas así labradas en las pilas o abrevaderos a donde venían las reses a beber, justo delante de las reses, con lo que éstas se calentaban al acercarse a beber. 39O sea, que se calentaban a la vista de las varas, y así parían crías listadas, pintas o manchadas. 40Luego separó Jacob los machos, echándolos a lo listado y negro que ahora había en el rebaño de Labán, y así se fue formando unos hatajos propios, que no mezclaba con el rebaño de Labán. 41Además, siempre que se calentaban las reses vigorosas, les ponía Jacob las varas ante los ojos en las pilas, para que se calentaran bajo el influjo de las varas. 42Pero, cuando el ganado estaba débil, no las ponía, de modo que las crías débiles eran para Labán y las vigorosas para Jacob. 43Así que éste medró muchísimo y llegó a tener rebaños numerosos, siervas y siervos, camellos y asnos.