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Ez 28, 12-19

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

12«Hijo de hombre, entona una elegía * sobre el rey de Tiro. Le dirás: Esto dice el Señor Yahvé: Eras el sello de una obra maestra * , colmado de sabiduría, de consumada belleza. 13Morabas en Edén, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas engalanaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas * , preparados desde el día de tu creación. 14Hice de ti un querubín protector, centelleante; estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego * . 15Tu conducta fue perfecta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. 16Por la amplitud de tu comercio te llenaste de violencia, y pecaste. Y yo te degradé del monte de Dios; te eliminé, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. 17Tu belleza te hizo altanero, corrompiste tu sabiduría por causa de tu esplendor. Y yo te precipité por tierra, convertido en espectáculo de reyes. 18Por tantas y tantas culpas, por la inmoralidad de tu comercio, profanaste tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de cuantos te miraban. 19Todos los pueblos que te conocían quedaron pasmados por ti. Eres un objeto de espanto; has desaparecido para siempre.»