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Ez 16, 4-22

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

4Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no te cortaron el cordón, no te lavaron con agua para limpiarte, no te frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales. 5Nadie se fijó en ti ni se apiadó compasivo para brindarte alguno de estos menesteres. El día en que viniste al mundo, quedaste expuesta en pleno campo, porque dabas repugnancia. 6«Yo pasé junto a ti y te vi agitándote en tu sangre. Y te dije, al verte llena de sangre * : ‘Vive’, 7y te hice crecer como la hierba de los campos. Tú creciste, te desarrollaste y llegaste a la edad núbil * . Se formaron tus senos y tu cabellera creció, pero estabas completamente desnuda. 8Entonces pasé junto a ti y te vi. Era tu tiempo el tiempo de los amores. Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; me comprometí con juramento, hice alianza contigo —oráculo del señor Yahvé— y tú fuiste mía. 9Te bañé con agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con óleo. 10Te puse vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino fino y un manto de seda. 11Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar a tu cuello. 12Puse un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas, y una espléndida diadema en tu cabeza. 13Brillabas así de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y recamados. Te alimentabas de flor de harina, miel y aceite. Te hiciste cada día más hermosa, y llegaste al esplendor de una reina. 14Tu nombre se difundió entre las naciones, debido a tu belleza, que era perfecta, gracias al esplendor del que yo te había revestido —oráculo del Señor Yahvé—. 15«Pero tú te pagaste de tu belleza, te aprovechaste de tu fama para prostituirte, prodigaste tu lascivia a todo transeúnte entregándote a él * . 16Tomaste tus vestidos para hacerte altos de ricos colores * y te prostituiste en ellos * . 17Tomaste tus joyas de oro y plata que yo te había dado y te hiciste imágenes de hombres para prostituirte ante ellas; 18tomaste tus vestidos recamados y las recubriste con ellos. Les hiciste dones con mi aceite y mi incienso, y 19les ofreciste, como calmante aroma, el pan que yo te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te alimentaba. «Y sucedió incluso —oráculo del Señor Yahvé— 20que tomaste a tus hijos y a tus hijas que me habías dado a luz y se los sacrificaste como alimento. ¿No era suficiente tu prostitución, 21que además inmolaste a mis hijos y los entregaste haciéndolos pasar por el fuego en su honor? 22Así, en medio de todas tus abominaciones y tus prostituciones, no te acordaste de cuando eras joven, cuando estabas completamente desnuda, agitándote en tu sangre.