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Dn 3, 28-30

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

28Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que ha enviado a su ángel para salvar a sus siervos. Pues ellos, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y han arriesgado sus vidas * antes que servir y adorar a otro dios que no fuera el suyo. 29Por ello, yo ordeno que todo hombre de cualquier pueblo, nación o lengua que hable mal del Dios de Sidrac, Misac y Abdénago sea cortado en pedazos y su casa derribada, porque no hay otro dios que pueda salvar como éste.» 30Y el rey hizo prosperar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.