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2 Sm 18, 1-33

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1David pasó revista al ejército que estaba con él y puso a su cabeza jefes de millar y de cien. 2Dividió David el ejército en tres cuerpos * : un tercio a las órdenes de Joab; un tercio a las órdenes de Abisay, hijo de Sarvia, hermano de Joab; y un tercio a las órdenes de Itay de Gat. David dijo a su ejército: «Yo mismo saldré con vosotros.» 3Pero la tropa replicó: «No debes salir, porque si nosotros tenemos que huir, no tendría importancia, aunque muriéramos la mitad. Pero tú eres como diez mil de nosotros. Es mejor que puedas venir en nuestra ayuda desde la ciudad.» 4El rey les dijo: «Haré lo que bien os parezca.» Se quedó, pues, el rey junto a la puerta y salió todo el ejército por centenares y millares. 5El rey ordenó a Joab, Abisay e Itay: «Tratad bien, por amor a mí, al joven Absalón.» Todo el ejército oyó las órdenes que daba el rey a los jefes acerca de Absalón. 6El ejército salió al campo, al encuentro de Israel, y se trabó la batalla en el bosque de Efraín * . 7El pueblo de Israel fue derrotado allí por los veteranos de David, y hubo aquel día un gran estrago de veinte mil hombres. 8La batalla se extendió por todo el contorno, y aquel día devoró el bosque más hombres que la espada. 9Absalón se topó con los veteranos de David. Iba Absalón montado en un mulo, que se metió bajo el ramaje de una gran encina. La cabeza de Absalón se trabó y quedó en la encina colgado * , entre el cielo y la tierra, mientras que el mulo sobre el que montaba siguió adelante. 10Lo vio un hombre y se lo comunicó a Joab: «He visto a Absalón colgado de una encina.» 11Joab dijo al hombre que le avisaba: «Si lo has visto, ¿por qué no lo has derribado allí mismo en tierra? Yo te habría dado diez siclos de plata y un cinturón.» 12El hombre respondió a Joab: «Aunque pudiera pesar en la palma de mi mano mil siclos de plata, no alzaría mi mano contra el hijo del rey, pues ante nosotros te ordenó el rey, a ti, a Abisay y a Itay: ‘Guardadme al joven Absalón.’ 13Si me hubiera mentido a mí mismo, expondría mi vida, pues al rey nada se le oculta, y tú mismo te habrías mantenido aparte.» 14Respondió Joab: «No voy a quedarme mirando tu cara.» Y, tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, que estaba todavía vivo en la encina. 15Luego se acercaron diez jóvenes, escuderos de Joab, y remataron a Absalón. 16Joab mandó tocar el cuerno y el ejército dejó de perseguir a Israel, porque Joab retuvo al ejército. 17Tomaron a Absalón, lo arrojaron en un gran hoyo que había en el bosque y pusieron encima un gran montón de piedras. Todo Israel huyó, cada uno a su tienda. 18Estando en vida, había decidido Absalón erigirse la estela que está en el valle del rey, ya que no tenía un hijo que perpetuase su nombre. Por eso había puesto a la estela su mismo nombre. Se llama «La Mano de Absalón», hasta el día de hoy * . 19Ajimás, hijo de Sadoc, dijo: «Voy a ir corriendo a anunciar al rey la buena noticia de que Yahvé lo ha librado de manos de sus enemigos.» 20Pero Joab le dijo: «Es imposible que hoy des buenas noticias. Otro día las darás, pero no hoy, porque el hijo del rey ha muerto.» 21Y Joab añadió al cusita * : «Anda y anuncia al rey lo que has visto.» El cusita se postró ante Joab y partió a la carrera. 22Insistió de nuevo Ajimás, hijo de Sadoc, y dijo a Joab: «Pase lo que pase, yo también quiero correr tras el cusita.» Joab le dijo: «¿Para qué vas a correr, hijo mío? Aunque vayas, por esta noticia no te van a dar albricias * .» 23Él dijo: «Pase lo que pase, me voy corriendo.» Entonces le dijo: «Pues ve.» Ajimás corrió por el camino de la vega y adelantó al cusita. 24Estaba David entre las dos puertas. El centinela que estaba en el terrado de la puerta, sobre la muralla, alzó la vista y vio a un hombre que venía corriendo solo. 25Gritó el centinela y se lo comunicó al rey, que dijo: «Si viene solo, trae buenas noticias en su boca * .» Mientras éste se acercaba corriendo, 26vio el centinela otro hombre que venía corriendo y gritó el centinela de la puerta: «Ahí viene otro hombre solo, corriendo también.» Dijo el rey: «También éste trae buenas noticias.» 27Añadió el centinela: «Ya distingo el modo de correr del primero: por su estilo parece Ajimás, hijo de Sadoc.» Dijo el rey: «Es un hombre de bien. Vendrá para dar buenas noticias.» 28Ajimás gritó al rey: «¡Paz!», y se postró ante él, rostro en tierra. Luego prosiguió: «Bendito sea Yahvé, tu Dios, que ha sometido a los hombres que alzaban la mano contra mi señor el rey.» 29Preguntó el rey: «¿Está bien el joven Absalón?» Ajimás respondió: «Yo vi un gran tumulto cuando el siervo del rey, Joab, envió a tu siervo, pero no sé qué era * .» 30El rey dijo: «Pasa y ponte acá.» Él pasó y se quedó. 31Llegó en aquel momento el cusita y dijo: «Recibe, majestad, mi señor, la buena noticia: hoy te ha liberado Yahvé de la mano de todos los que se alzaban contra ti.» 32Preguntó el rey al cusita: «¿Está bien el joven Absalón?» Respondió el cusita: «Que les suceda como a ese joven a todos los enemigos de mi señor el rey y a todos los que se levantan contra ti para hacerte mal.» 33[[19:1]] Entonces el rey se estremeció. Subió a la estancia que había encima de la puerta y rompió a llorar. Decía mientras caminaba: «¡Hijo mío, Absalón; hijo mío, hijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!»