2 Sm 14, 1-24
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1Joab, hijo de Sarvia, se dio cuenta de que el corazón del rey estaba por Absalón 2y envió gente a Técoa * , para que trajeran de allí una mujer sagaz. Una vez ante él, le dijo: «Da muestras de duelo, vístete de luto y no te perfumes; pórtate como una mujer que hace muchos días que está en duelo por un muerto. 3Entra luego donde el rey y dile estas palabras», y Joab le indicó lo que había de decir * . 4Entró, pues, donde el rey la mujer de Técoa, cayó rostro en tierra, se postró y dijo: «¡Sálvame, majestad * !» 5El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?» Ella contestó: «¡Ay de mí! Soy una mujer viuda. Mi marido ha muerto, 6y tu sierva tiene dos hijos. Se pelearon en el campo y, como no había quien los separase, uno hirió al otro y lo mató. 7Y ahora se alza toda la familia contra tu sierva y dicen: ‘Entréganos al asesino de su hermano: le daremos muerte por haber matado a su hermano, y haremos desaparecer también al heredero.’ Así extinguirán el ascua que me queda y no dejarán a mi marido apellido ni superviviente en la tierra.» 8El rey dijo a la mujer: «Vete a tu casa, que yo daré órdenes sobre tu asunto.» 9Pero la mujer de Técoa replicó al rey: «Caiga, oh rey mi señor, la culpa sobre mí y sobre la casa de mi padre, y queden inocentes el rey y su trono * .» 10El rey dijo: «Si alguno todavía te dice algo, hazle venir y no te molestará más.» 11Replicó ella: «Que el rey mencione, por favor, a Yahvé, tu Dios, para que el vengador de sangre no aumente la ruina exterminando a mi hijo.» Él dijo: «¡Por vida de Yahvé, que no caerá en tierra ni un cabello de tu hijo!» 12La mujer contestó: «Te suplico que tu sierva pueda decir a mi señor el rey una palabra.» Dijo: «Habla». 13Respondió la mujer: «¿Por qué ha tenido el rey tal pensamiento contra el pueblo de Dios y se hace culpable al no permitir que vuelva su desterrado? 14Todos hemos de morir; y del mismo modo que el agua que se derrama en tierra no se puede recoger, tampoco Dios vuelve a conceder la vida. Que el rey elija * medios para que el proscrito no siga alejado de él * . 15* «Así, pues, si tu sierva ha venido para hablar a mi señor el rey estas cosas es porque la gente me ha metido miedo, y me he dicho: Hablaré al rey y acaso acceda a cumplir la petición de su esclava, 16pues el rey me escuchará y librará a su esclava de la ira del hombre que quiere exterminarme, a mí juntamente con mi hijo, de la heredad de Dios. 17Tu sierva dice: Que la palabra de mi señor el rey traiga la paz, pues mi señor el rey es como el Ángel de Dios * para discernir el bien y el mal * . Y que Yahvé tu Dios sea contigo.» 18El rey respondió a la mujer: «No me ocultes nada de lo que voy a preguntarte.» La mujer dijo: «Habla, majestad, mi señor.» 19Dijo el rey: «¿No anda contigo la mano de Joab en todo esto?» Respondió la mujer: «Por tu vida, majestad, mi señor, que no se desvía ni a la derecha ni a la izquierda nada de lo que el rey mi señor dice. Tu siervo Joab me ha mandado y ha indicado a tu sierva todo lo que había de decir. 20Tu siervo Joab ha hecho esto para abordar con rodeos el tema. Pero mi señor es sabio como el Ángel de Dios y conoce todo cuanto sucede en la tierra.» 21Entonces el rey dijo a Joab: «Mira, he decidido el asunto. Anda y haz que regrese el joven Absalón.» 22Cayó Joab sobre su rostro en tierra y, postrándose, bendijo al rey. Joab dijo: «Hoy ha conocido tu siervo que te soy grato, majestad, mi señor, pues ha cumplido el rey el deseo de su siervo.» 23Joab se preparó, fue a Guesur y llevó a Absalón a Jerusalén. 24Pero el rey dijo: «Que se retire a su casa, pues no pienso recibirle.» Y Absalón se retiró a su casa sin poder entrevistarse con el rey.