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2 Cr 6, 12-19

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

12Salomón se puso en pie ante el altar de Yahvé, frente a toda la asamblea de Israel, y extendió las manos. 13Salomón había fabricado un estrado de bronce de cinco codos de largo, cinco de ancho y tres de alto, que había colocado en medio del atrio. Se puso sobre él, se arrodilló frente a toda la asamblea de Israel * y, extendiendo sus manos hacia el cielo, 14dijo: «Yahvé, Dios de Israel, no hay Dios como tú ni en el cielo ni en la tierra. Tú eres quien guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón; 15tú quien has mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste y quien has cumplido en este día con tu mano lo que con tu boca habías prometido. 16Ahora, pues, Yahvé, Dios de Israel, mantén a tu siervo David, mi padre, la promesa que le hiciste al decirle: ‘Nunca te faltará uno de los tuyos en mi presencia que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos esmeren su conducta, caminando según mi Ley y procediendo ante mí como tú has procedido.’ 17Y ahora, Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David. 18¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he construido! 19Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Yahvé, Dios mío. Escucha el clamor y la plegaria que tu siervo entona en tu presencia.