2 Cor 3, 1-18
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1¿Creéis que, al decir esto, estamos empezando de nuevo a elogiarnos? ¿Necesitamos quizá, como algunos, presentaros cartas de recomendación, o incluso exigíroslas * ? 2Vosotros sois nuestra carta, escrita en vuestros corazones * , conocida y leída por todos los hombres. 3Evidentemente sois una carta de Cristo, redactada con nuestro ministerio; escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; y no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones * . 4Ésta es la confianza que tenemos ante Dios, gracias a Cristo. 5Pues nosotros no podemos atribuirnos cosa alguna, como si fuera nuestra, ya que nuestra capacidad viene de Dios. 6Él nos capacitó para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu * , pues la letra mata * , mas el Espíritu da vida. 7Pensemos que si el ministerio de la muerte, grabado con letras sobre tablas de piedra, resultó glorioso hasta el punto de no poder los israelitas mirar el rostro * de Moisés a causa del resplandor que emitía —aunque pasajero—, 8¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu! 9Pues si el ministerio de la condenación fue glorioso, con mucha más razón lo será el ministerio de la salvación. 10Pues, en este aspecto, lo que era glorioso ya no lo es, en comparación con esta gloria sobreeminente. 11Y si aquello, que era pasajero, fue glorioso, ¡cuánto más glorioso será lo permanente! 12Gracias a esta esperanza, podemos proceder con toda franqueza, 13y no como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para impedir que los israelitas vieran el fin de lo que era pasajero * ... 14Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy permanece ese mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento, y no se levanta, pues sólo en Cristo desaparece * . 15Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo ciega sus mentes. 16Y cuando se convierta al Señor, caerá el velo . 17Porque el Señor es el Espíritu * , y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. 18Y todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos * como en un espejo la gloria del Señor * , nos vamos transformando en esa misma imagen * , cada vez más gloriosos. Así es como actúa el Señor, que es Espíritu * .