2 Cor 12, 1-10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1¿Que hay que presumir de algo? Pues, aunque no trae ninguna utilidad, hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. 2Sé de un creyente en Cristo que hace catorce años —si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé; Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo * . 3Y sé que este hombre —en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé; Dios lo sabe— 4fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar. 5De ese hombre diré maravillas; pero, en cuanto a mí, sólo presumiré de mis flaquezas. 6Aunque, si pretendiera presumir de algo, no estaría portándome como un fatuo; diría la verdad. Pero me abstengo de ello. No sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que ve en mí u oye de mí * . 7Por eso, para que no pudiera yo presumir de haber sido objeto de esas revelaciones tan sublimes, recibí en mi carne una especie de aguijón * , un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría * . 8Por este motivo, tres veces rogué al Señor que se alejase de mí. 9Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, pues mi fuerza se realiza en la debilidad». Por tanto, con sumo gusto seguiré vanagloriándome, sobre todo en mi debilidad, para que se manifieste en mí la fuerza de Cristo. 10Por eso me complazco en mi debilidad, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte.