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1 Tim 3, 1-13

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Es cierta esta afirmación: Si alguno aspira al cargo de epíscopo * , desea una hermosa obra. 2Es, pues, necesario * que el epíscopo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, 3ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, 4que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; 5pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios? 6Que no sea neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condenación del diablo. 7Es necesario también que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y en las redes del diablo. 8También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; 9que guarden el misterio de la fe con una conciencia pura. 10Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos. 11Las mujeres * igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. 12Los diáconos sean casados una sola vez y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. 13Porque los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús.