1 Sm 25, 23-41
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)23Apenas vio Abigail a David, se apresuró a bajar del asno y, cayendo ante David, se postró en tierra. 24Se arrojó a sus pies y le dijo: «Caiga sobre mí la falta, señor. Deja que tu sierva te hable y escucha mis palabras. 25No hagas caso, señor, de este necio de Nabal; porque le va bien el nombre: necio * se llama y la vileza le acompaña. Pero ten en cuenta que yo, tu sierva, no vi a los muchachos que mi señor había enviado. 26Ahora, mi señor, por Yahvé y por tu vida, por Yahvé que te ha impedido derramar sangre y tomarte la justicia por tu propia mano, que sean como Nabal * tus enemigos y los que buscan la ruina de mi señor. 27Cuanto a este presente que tu sierva ha hecho traer para mi señor, que sea entregado a los muchachos que marchan en pos de mi señor. 28Perdona, por favor, la falta de tu sierva, pues ciertamente Yahvé edificará una casa permanente a mi señor, pues mi señor combate las batallas de Yahvé y no te acaecerá nada malo en toda tu vida. 29Y aunque hay un hombre que te persigue y busca tu vida, la vida de mi señor está encerrada en la bolsa de la vida * , al lado de Yahvé tu Dios, mientras que la vida de los enemigos de mi señor la volteará en el hueco de la honda. 30Cuando haga Yahvé a mi señor todo el bien que te ha prometido y te haya establecido como caudillo de Israel, 31que no haya turbación ni remordimiento en el corazón de mi señor por haber derramado sangre inocente y haberse tomado mi señor la justicia por su mano. Y cuando Yahvé haya favorecido a mi señor, acuérdate de tu sierva.» 32David dijo a Abigail: «Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro. 33Bendita sea tu prudencia y bendita tú misma que me has impedido derramar sangre y tomarme la justicia por mi mano. 34Pero con todo, por vida de Yahvé, Dios de Israel, que me ha impedido hacerte mal, que de no haberte apresurado a venir a mi encuentro, no le hubiera quedado a Nabal, al romper el alba, ni un solo varón.» 35Tomó David de mano de ella lo que le traía y le dijo: «Sube en paz a tu casa, pues he escuchado tu voz y he accedido a tu petición.» 36Cuando Abigail llegó donde Nabal, estaba éste celebrando en su casa un banquete regio. Estaba alegre su corazón y completamente borracho. No le dijo una palabra, ni grande ni pequeña, hasta el lucir del día. 37Pero a la mañana, cuando se le pasó el vino a Nabal, le contó su mujer lo sucedido. Entonces el corazón se le murió en el pecho y se le quedó como una piedra. 38Al cabo de unos diez días hirió Yahvé a Nabal y murió. 39Cuando David oyó que Nabal había muerto, dijo: «Bendito sea Yahvé que ha defendido mi causa contra la injuria de Nabal y ha preservado a su siervo de hacer mal. Yahvé ha hecho a Nabal responsable de su propia maldad.» Envió David mensajeros para proponer a Abigail que fuera su mujer. 40Llegaron los mensajeros de David a casa de Abigail en Carmelo y le hablaron así: «David nos envía a ti para tomarte por mujer.» 41Se levantó ella y se postró rostro en tierra diciendo: «Tu sierva es una esclava para lavar los pies de los siervos de mi señor.»