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1 Re 8, 22-53

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

22Salomón se puso ante el altar de Yahvé, frente a toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo 23y dijo: «Yahvé, Dios de Israel, no hay Dios como tú arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú (que guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón,) 24que has mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste y has cumplido en este día con tu mano lo que con tu boca habías prometido. 25Ahora, pues, Yahvé, Dios de Israel, mantén a tu siervo David mi padre la promesa que le hiciste cuando le dijiste: ‘Nunca te faltará uno de los tuyos en mi presencia que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos guarden su camino, procediendo ante mí como tú has procedido.’ 26Y ahora, Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David, mi padre. 27¿Habitará Dios con los hombres * en la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he construido! 28Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Yahvé, Dios mío. Escucha el clamor y la plegaria que tu siervo entona hoy en tu presencia. 29Que día y noche estén abiertos tus ojos hacia este templo, hacia este lugar del que dijiste: ‘Allí estará mi Nombre’. Escucha la plegaria que tu servidor entona en dirección a este lugar. 30Escucha las súplicas que tu siervo y tu pueblo Israel entonen en adelante en dirección a este lugar. Escucha desde el lugar de tu morada, desde el cielo; escucha y perdona. 31«En caso de que un hombre peque contra su prójimo y éste pronuncie una imprecación * para atraer la maldición sobre él, si el primero viene con su imprecación ante tu altar en este templo, 32escucha tú desde el cielo. Intervén y juzga a tus siervos: declara culpable al malo, de modo que su conducta recaiga sobre él, e inocente al justo, retribuyéndole según su honradez. 33«Cuando tu pueblo Israel haya sido derrotado por un enemigo, por haber pecado contra ti, y se vuelva a ti y alabe tu Nombre, ore y suplique ante ti en este templo, 34escucha tú desde el cielo, perdona el pecado de tu pueblo Israel y devuélvelos a la tierra que diste a sus padres. 35«Cuando, por haber pecado contra ti, los cielos se cierren y deje de haber lluvia, y acudan a orar en este lugar y alaben tu Nombre y se conviertan de su pecado porque los humillaste * , 36escucha tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel. Enséñales el buen camino que deberán seguir y envía lluvia a la tierra que diste en herencia a tu pueblo. 37«Cuando en el país haya hambruna, peste, tizón, añublo, langosta o pulgón; cuando el enemigo ponga asedio en una de sus puertas * , en la desgracia o la enfermedad 38de cualquier persona (o de todo el pueblo de Israel) * que conozca personalmente la aflicción, eleve plegarias y súplicas y extienda sus manos hacia este templo, 39escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada. Perdona e intervén, dando a cada uno según su merecido, tú que conoces su corazón, tú el único que conoce el corazón de los hijos de los hombres, 40de modo que te respeten a lo largo de los días que vivan en la tierra que diste a nuestros padres. 41«También al extranjero, al que no es de tu pueblo Israel y viene de un país lejano a orar en este templo a causa de tu Nombre — 42porque oirán hablar de tu gran Nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido—, 43escúchalo tú desde el cielo, lugar de tu morada. Concede al extranjero lo que te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre y te respeten como tu pueblo Israel, y reconozcan que tu Nombre es invocado en este templo que yo he construido. 44«Cuando tu pueblo salga a la guerra contra el enemigo, lo envíes por donde lo envíes, y supliquen a Yahvé vueltos hacia la ciudad que has elegido y hacia el templo que he construido para tu Nombre, 45escucha tú desde el cielo su oración y su plegaria y hazles justicia. 46Cuando pequen contra ti (pues no hay hombre que no peque) y tú, irritado contra ellos, los entregues al enemigo, y sus vencedores los deporten al país enemigo, lejano o próximo, 47si en la tierra de sus dominadores se convierten en su corazón, se arrepienten y te suplican, diciendo: ‘Hemos pecado, hemos actuado perversamente, nos hemos hecho culpables’, 48es decir, si en el país de los enemigos que los deportaron se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma y te suplican vueltos hacia la tierra que diste a sus padres y hacia la ciudad que has elegido y el templo que he edificado a tu Nombre, 49escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada * , 50y perdona a tu pueblo lo que ha pecado contra ti, todas las rebeliones que cometieron. Concédeles que encuentren la compasión de sus dominadores para que se apiaden de ellos, 51porque son tu pueblo y tu heredad, los que sacaste de Egipto, del crisol del hierro. 52«Que tus ojos permanezcan abiertos a la súplica de tu siervo, a la súplica de tu pueblo Israel, para escucharles en cuanto te imploren. 53Porque tú, Señor Yahvé, los apartaste para ti, en herencia, entre todos los pueblos de la tierra, según dijiste a través de Moisés tu siervo cuando sacaste a nuestros padres de Egipto.»