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1 Re 22, 1-40

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Durante tres años no hubo guerra entre Aram e Israel. 2Al tercer año, Josafat, rey de Judá, fue a visitar al rey de Israel * . 3Éste dijo a sus hombres: «Vosotros sabéis que Ramot de Galaad nos pertenece y, sin embargo, no hacemos nada por rescatarla de manos del rey de Aram * .» 4Dijo a Josafat: «¿Vas a venir conmigo a la guerra contra Ramot de Galaad?» Josafat respondió al rey de Israel: «Yo haré como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos.» 5Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta hoy mismo la palabra de Yahvé.» 6El rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres * , y les dijo: «¿He de ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o debo desistir?» Le respondieron: «Sube, porque Yahvé la entregará en manos del rey.» 7Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí todavía otro profeta de Yahvé al que consultar?» 8Dijo el rey de Israel a Josafat: «Hay todavía un hombre por medio del cual se puede consultar a Yahvé, pero lo odio, pues no me profetiza el bien, sino el mal. Se trata de Miqueas, hijo de Yimlá * .» Dijo Josafat: «No hable el rey de esta manera.» 9Llamó el rey de Israel a un eunuco y le dijo: «Trae en seguida a Miqueas, hijo de Yimlá.» 10El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados en sus tronos, vestidos con sus galas, en la era que se encuentra a la entrada de la puerta de Samaría, mientras todos los profetas hacían el profeta ante ellos. 11Sedecías, hijo de Quenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro * y decía: «Esto dice Yahvé: Con éstos acornearás a los arameos hasta acabar con ellos.» 12Todos los profetas profetizaban del mismo modo, diciendo: «Sube contra Ramot de Galaad, tendrás éxito. Yahvé la entregará en manos del rey.» 13El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló así: «Los oráculos de los profetas son unánimemente favorables al rey. Que tu oráculo sea como el de cualquiera de ellos y sea favorable lo que anuncies.» 14Miqueas respondió: «¡Por vida de Yahvé que anunciaré lo que Él me diga!» 15Cuando llegó ante el rey, éste le preguntó: «Miqueas, ¿hemos de ir a luchar contra Ramot de Galaad o debemos desistir?» Le respondió: «Sube, tendrás éxito. Yahvé la entregará en manos del rey * .» 16Pero el rey dijo: «¿Cuántas veces he de hacerte jurar que no me digas más que la verdad en nombre de Yahvé?» 17Entonces él dijo: He visto a todo Israel en desbandada por los montes, como rebaño sin pastor. Yahvé ha dicho: «No tienen señor. Vuelva cada cual en paz a su casa.» 18El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que no me profetiza el bien, sino el mal?» 19Dijo Miqueas: «Por todo ello, escucha la palabra de Yahvé: He visto a Yahvé sentado en su trono, con todo el ejército de los cielos * en pie junto a él, a derecha e izquierda. 20Preguntó Yahvé: ‘¿Quién engañará a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?’ Entonces unos decían una cosa y otros otra, 21hasta que el espíritu * se adelantó y de pie ante Yahvé dijo: ‘Yo lo engañaré.’ Yahvé le preguntó: ‘¿De qué modo?’ 22Respondió: ‘Iré y me convertiré en espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.’ Yahvé dijo: ‘Lo engañarás y vencerás. Ve y haz como dices.’ 23Así pues, Yahvé ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos, porque Yahvé ha predicho el mal contra ti.» 24Entonces Sedecías, hijo de Quenaaná, se acercó y dio una bofetada a Miqueas en la mejilla, preguntándole: «¿Por qué camino el espíritu de Yahvé ha pasado de mí para hablar contigo?» 25Miqueas replicó: «Tú mismo lo verás el día en que trates de esconderte en la habitación más recóndita.» 26Entonces el rey de Israel sentenció: «Prende a Miqueas y entrégalo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey. 27Les dirás: Esto dice el rey: Meted a éste en la cárcel y dadle sólo rancho de prisionero hasta que yo vuelva victorioso.» 28Miqueas replicó: «Si vuelves salvo, es que Yahvé no ha hablado por mi boca * .» 29El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron a atacar Ramot de Galaad. 30El rey de Israel dijo a Josafat: «Voy a disfrazarme para entrar * en combate, pero tú ponte tus vestiduras.» El rey de Israel se disfrazó y entró en combate. 31Ahora bien, el rey de Aram había ordenado a los jefes de los carros * que no atacasen a soldados ni a oficiales, sino sólo al rey de Israel. 32Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, pensaron: «Seguro que éste es el rey de Israel.» Cuando lo rodearon para cargar sobre él, Josafat dio el grito, 33y, viendo los jefes de los carros que no era él el rey de Israel, dejaron de perseguirlo. 34Entonces un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza * . El rey dijo a su auriga: «Da la vuelta a los caballos y sácame de la batalla * , porque me siento mal.» 35Aquel día el combate se prolongó, y el rey hubo de ser sostenido en pie en su carro frente a los arameos, hasta que murió al atardecer (la sangre de la herida corría por el fondo del carro). 36Al caer el sol corrió un grito por el campamento: «Cada uno a su ciudad, cada uno a su heredad * . 37¡El rey ha muerto!» Condujeron al rey a Samaría y allí lo enterraron. 38Lavaron * el carro junto a la alberca de Samaría. Los perros lamieron su sangre y las prostitutas se bañaron en ella, según la palabra que Yahvé había pronunciado. 39El resto de los hechos de Ajab, todo cuanto hizo —la sala de marfil que construyó y todas las ciudades que fortificó—, está escrito, como se sabe, en el Libro de los Anales de los reyes de Israel. 40Ajab reposó con sus antepasados, y le sucedió en el trono su hijo Ocozías.