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1 Mac 7, 1-50

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1El año ciento cincuenta y uno, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, arribó a una ciudad marítima donde se proclamó rey * . 2Cuando se disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia. 3Al saberlo, dijo: «No quiero ver sus caras.» 4El ejército los mató y Demetrio ocupó su trono real. 5Entonces acudieron a él todos los hombres sin ley e impíos de Israel, con Alcimo al frente, que pretendía el sumo sacerdocio. 6Ya en su presencia, acusaron así al pueblo: «Judas y sus hermanos han dado muerte a todos tus amigos y a nosotros nos han expulsado de nuestro país. 7Envía, pues, ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que han causado en nosotros y en la provincia del rey, y los castigue a ellos y a todos los que los apoyan.» 8El rey eligió a Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina * , grande en el reino y fiel al rey. 9Lo envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de los israelitas * . 10Partieron con un ejército numeroso y, tras llegar a la tierra de Judá, enviaron mensajeros a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz. 11Pero éstos no hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un ejército numeroso. 12No obstante, un grupo de escribas * se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar una solución justa. 13Los asideos eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz * , 14pues pensaban que, como había venido con el ejército un sacerdote del linaje de Aarón, no les harían ningún mal. 15Habló con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros mal ni a vosotros ni a vuestros amigos.» 16Le creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y les dio muerte en un mismo día, según la palabra que estaba escrita * : 17«Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les diese sepultura.» 18Con esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderaron del pueblo, que decía: «No hay en ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que habían jurado.» 19Báquides partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos que habían desertado donde él y a algunos del pueblo; los mató y los arrojó en el pozo grande * . 20Luego puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que lo sostuvieran y se marchó adonde el rey. 21Alcimo luchó por el sumo sacerdocio. 22Se le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judá y causaron graves males a Israel. 23Viendo Judas todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los israelitas, mayor que el que habían causado los paganos, 24salió a recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y no dejarles andar por la región. 25Al ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles, se volvió donde el rey y los acusó de graves delitos. 26El rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de Israel, y le mandó exterminar al pueblo. 27Nicanor llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un insidioso mensaje de paz diciéndoles: 28«Mejor que no haya lucha entre nosotros. Iré a veros amistosamente con una pequeña escolta.» 29Fue, pues, donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para raptar a Judas. 30Al descubrir que había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle más. 31Nicanor, viendo descubiertos sus planes, salió a enfrentarse con Judas cerca de Cafarsalamá * . 32Cayeron unos quinientos hombres del ejército de Nicanor, y los demás huyeron a la Ciudad de David. 33Después de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo sacerdotes y ancianos del pueblo para saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey. 34Pero él se burló de ellos, los escarneció, los mancilló * y habló insolentemente. 35Y les juró encolerizado: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en mis manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a este templo.» Y salió enfurecido. 36Entraron los sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando: 37«Tú * has elegido este templo para que en él fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y súplica para tu pueblo; 38toma venganza de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate de sus blasfemias y no les des tregua.» 39Nicanor partió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de Siria. 40Judas acampó en Adasá * con tres mil hombres y oró así: 41«Cuando los enviados del rey * blasfemaron, salió tu ángel y mató a ciento ochenta y cinco mil de ellos. 42Destruye también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su jefe profirió palabras impías contra tu Lugar Santo. Júzgale según su maldad.» 43El día trece del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de Nicanor, quien fue el primero en caer en el combate. 44Su ejército, al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga. 45Los estuvieron persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando aviso tras ellos con el sonido de las trompetas. 46Salió gente de todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndolos, les obligaron a volverse los unos hacia los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno de ellos. 47Tomaron los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha, aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas en público en Jerusalén. 48El pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo 49y acordaron conmemorarlo cada año el trece de Adar * . 50El país de Judá gozó de sosiego por algún tiempo * .