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1 Mac 6, 1-63

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1El rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en Persia, llamada Elimaida * , famosa por sus riquezas, su plata y su oro. 2Tenía un templo rico en extremo * , donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el primer rey de los griegos. 3Allá se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos, 4le ofrecieron resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con gran tristeza, para regresar a Babilonia. 5Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las tropas enviadas a la tierra de Judá. 6Lisias, en primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que huir ante los judíos. Éstos se habían crecido con las tropas y los muchos despojos tomados a los ejércitos vencidos. 7Habían destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén. Habían rodeado de altas murallas como antes el santuario, así como Bet Sur, ciudad del rey. 8Ante tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en cama enfermo de pesadumbre, por no haberle salido las cosas como él quería * . 9Allí permaneció mucho tiempo, renovándose sin cesar su profunda tristeza, hasta que sintió que se iba a morir. 10Hizo venir entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad. 11He pensado a veces que por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno. 12Pero ahora caigo en la cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin motivo a los habitantes de Judá. 13Reconozco que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña * .» 14Llamó luego a Filipo * , uno de sus amigos, y lo puso al frente de todo su reino. 15Le entregó su diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo Antíoco y lo preparara para que fuese rey. 16Allí murió el rey Antíoco el año ciento cuarenta y nueve * . 17Lisias, al conocer la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había educado desde niño, y le dio el sobrenombre de Eupátor. 18La guarnición de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar Santo; buscaba siempre ocasión de causarle mal y de ofrecer apoyo a los paganos. 19Resuelto Judas a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarlos. 20El año ciento cincuenta * , una vez reunidos, comenzaron a sitiar la Ciudadela y construyeron plataformas de tiro e ingenios de guerra. 21Pero algunos de los sitiados lograron romper el cerco y, juntándoseles otros de entre los impíos de Israel, 22acudieron al rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar a nuestros hermanos? 23Nosotros aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus edictos. 24* Ésta es la causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han matado a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado nuestras haciendas. 25Pero no sólo han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus territorios * . 26Precisamente ahora tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de tomarla, y han fortificado el santuario y Bet Sur. 27Si no te apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible contenerlos.» 28Al oírlo el rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del ejército y comandantes de la caballería * . 29Le llegaron tropas mercenarias de otros reinos y de las islas del mar. 30Sus fuerzas se componían de cien mil infantes, veinte mil jinetes y treinta y dos elefantes adiestrados para la guerra. 31Viniendo por Idumea * , pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo, valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían, se los quemaban y peleaban valerosamente. 32Entonces Judas partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría * , frente al campamento real. 33El rey se levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu, por el camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron a entrar en batalla y se tocaron las trompetas. 34A los elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al combate. 35Las bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además, con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos, 36que estaban donde el animal estuviese y lo acompañaban adonde fuese, sin apartarse de él. 37Cada elefante llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como defensa y tres guerreros * que combatían desde ella, además del conductor. 38Al resto de la caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del ejército, con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges * . 39Cuando el sol dio sobre los escudos de oro y bronce * , resplandecieron las colinas ante su fulgor y brillaron como antorchas encendidas. 40Una parte del ejército real se desplegó por las alturas de las colinas, mientras algunos lo hicieron por el llano. Avanzaban con seguridad y buen orden. 41Se estremecían todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el estruendo que levantaba al marchar y entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército numeroso y fuerte. 42Judas y su ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos hombres del ejército real. 43Eleazar, llamado Avarán, viendo que una de las bestias iba protegida por una coraza real y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba en ella. 44Así que se entregó * por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal. 45Corrió audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e izquierda y haciendo que los enemigos se apartaran de él a un lado y a otro. 46Se deslizó debajo del elefante y lo mató, hiriéndole en el vientre. El animal cayó a tierra sobre Eleazar, que murió allí mismo. 47Los judíos, al fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas, cedieron ante ellas. 48El ejército real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó con idea de atacar Judea y el monte Sión. 49Había hecho la paz con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres para sostener el sitio, por ser año sabático para la tierra * . 50El rey ocupó Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa. 51Muchos días estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios de guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas * . 52Por su parte, los sitiados construyeron ingenios contra los de los otros, y combatieron durante muchos días. 53Pero no había víveres en los almacenes * , porque aquel era año séptimo, y además los israelitas liberados de los paganos y traídos a Judea habían consumido las últimas reservas. 54Víctimas, pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás se dispersaron a sus casas. 55Lisias se enteró de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes de morir la educación de su hijo Antíoco para el trono, 56había vuelto de Persia y Media con las tropas que acompañaron al rey, y que trataba de hacerse con la dirección del gobierno. 57Entonces se apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los negocios del reino nos urgen. 58Demos, pues, la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación 59y permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues, irritados por habérselas abolido nosotros, se han portado de esta manera * .» 60El rey y los capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los sitiados. Éstos la aceptaron, 61y el rey y los capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la fortaleza, 62y el rey entró en el monte Sión. Pero, al ver la fortaleza de aquel lugar, violó el juramento que había hecho y ordenó destruir la muralla que lo rodeaba * . 63Luego, a toda prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo como dueño de la ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.